En la modernidad se concibió el conocimiento como el reflejo interno en el sujeto del mundo externo, al que se suponía objetivo e independiente. El espacio del pensamiento moderno nació de una estética dicotómica que escinde al sujeto del objeto, al conocimiento de la realidad, a la forma del contenido. De este modo, el saber es una mera versión virtual de lo real. Esta forma dualista, polarizada y excluyente, es más bien un monismo esquizofrénico, pues cada uno de los polos es pensado como absolutamente independiente del otro. Desde esta mirada se hace imposible pensar los vínculos, la afectación mutua, los intercambios. Esta forma de ver el mundo fue asumida como natural. Al tal punto que ni siquiera se la considero “una forma de ver”. Esto hizo imposible tener en cuenta los aspectos formativos de la actividad cognitiva, puesto que ellos mismos quedaban excluidos del campo de visibilidad. De este modo, la teorías clásicas sobre el conocimiento ni siquiera se consideran teorías, o interpretaciones, sino una descripción “obvia” de la forma del proceso cognitivo “en sí”. Su presunta obviedad generó una transparencia. Podemos bautizar a este proceso como la “Paradoja de la evidencia” a partir de la cual lo evidente se hace invisible.leer más>
sábado, 15 de marzo de 2008
El pensamiento complejo en el borde de las paradojas
Denise Najmanovich: "Estética de la complejidad", Andamios. Revista de Investigación Social, Año 1, Núm. 2, Junio 2005, Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México”.
Affectio societatis
Es la colaboración que deben prestar los socios para la obtención de los fines de la sociedad. Debe ser: activa (no se limita a la realización del aporte, sino que se extiende al gobierno y a la administración de la sociedad); igualitaria (la sociedad no admite la subordinación o la dependencia entre sus componentes) y leal (el socio tiene que anteponer el interés social a su interés personal).